Soy Bibliotecaria, reflexiones sobre la profesión

Inauguramos esta sección con Rosa Monfasani, profesional bibliotecaria reconocida por su trayectoria y aportes desde distintos ámbitos, tanto académicos como colectivos bibliotecarios, y autora de varios títulos del área bibliotecológica, que incluso son bibliografía de referencia para los institutos formadores. Interesantes reflexiones que vienen a ilustrar y visibilizar aún mas el reconocimiento que demanda la profesión bibliotecaria en nuestro país. Gracias Rosa por compartirnos esta publicación.

por Rosa Monfasani

Bibliotecaria, Profesora y Escritora de alma. –


El título de este escrito fue tomado del blog homónimo Soy Bibliotecario, ¿por qué no?, me parece que se ajusta a lo que sentimos las bibliotecarias.

Existen infinitas definiciones para el término que proviene del latín bibliothecarius. En sentido lato se dice que es la persona que realiza la actividad relacionada con el sustantivo que lo identifica: biblioteca+rio/ria. También podría decirse que es la persona que trabaja en una biblioteca, pero esto estaría incompleto, ya que no todos los que trabajan allí son bibliotecarios diplomados. 

La RAE lo define como la persona encargada del cuidado, organización y funcionamiento de una biblioteca. Pero, como decía Domingo Buonocore (1963) en su vocabulario “Este concepto simplista y formal no basta para caracterizar el perfil del moderno bibliotecario”. Concepto que aún hoy continúa vigente, ya que no cambia en su esencia pero que en el día a día nos acerca más a la realidad para ampliar los saberes con el propósito de brindar un mejor acceso a la información y al conocimiento.

Desde siempre el ser humano se comunicó de una u otra forma ya sea con pinturas en los muros y con escrituras en todo tipo de soporte. A través de los tiempos se interpretaron textos, y los que acudían a las bibliotecas eran eruditos y críticos. En ese entonces solo utilizaban las bibliotecas para incrementar sus conocimientos y resolver las cuestiones que se les presentaban. En la biblioteca de Alejandría o en las ágoras griegas aprisionaban el saber de la época o expandían sus cuestionamientos filosóficos. No existía aún el bibliotecario como lo conocemos hoy. Aunque utilizaban un orden lógico, la finalidad no era guardar y organizar los rollos, los pergaminos y más tarde los libros para una consulta masiva sino para una práctica individual no accesible a todos.

Si reflexionamos sobre esto no solo implicaría el cumplimiento de las obligaciones y el ejercicio de los derechos, sino que deberíamos pensar sobre los valores individuales y colectivos. Somos profesionales y como tales pensamos en la dimensión social de servicio a la comunidad, que se anticipa a la dimensión individual de la profesión. 

Libros editados de Rosa Monfasani

En la actualidad la tarea es muy diversa y se practica en bibliotecas de todo tipo: nacionales, populares, escolares, universitarias, especializadas, especiales, comunitarias, de investigación, parlamentarias, y de empresas, entre otras. 

Cabe destacar que en nuestro país existían bibliotecas privadas y que la primera biblioteca pública se da a conocer y se atribuye a Mariano Moreno, en la edición de la Gazeta del jueves 13 de septiembre de 1810, en un artículo titulado «Educación», firmado con el seudónimo Veritas, donde se lee, entre otras cosas, lo siguiente:

“… ha resuelto la Junta formar una Biblioteca Pública, en que se facilite a los amantes de las letras un recurso seguro para aumentar sus conocimientos. Las utilidades consiguientes a una Biblioteca Pública son tan notorias, que sería excusado detenernos en indicarlas” […] “por fortuna tenemos libros bastantes para dar principio a una obra, que crecerá en proporción del sucesivo engrandecimiento de este pueblo. La Junta ha resuelto fomentar este establecimiento”. Hoy Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

Las bibliotecas están dirigidas a diferentes públicos con un mismo objetivo servir a la comunidad, y el bibliotecario que en ellas se desempeñe debe poseer el título correspondiente que lo habilite para ejercer la profesión.

En los últimos tiempos ha resurgido la necesidad de plantear en las diferentes instituciones que los bibliotecarios titulados ocupen en las bibliotecas los puestos que les corresponden, ya sea como responsables de las mismas o en los diferentes sectores que requieren de los conocimientos apropiados, que fueron generados con el aprendizaje sistemático adquirido en las escuelas de bibliotecología. El término abarca todo el campo de estudio de la especialidad, donde se van incorporando los nuevos desarrollos y experiencias. 

La bibliotecología o biblioteconomía como se la conoce en algunos países es una ciencia de la información que se encuentra en continuo movimiento y evoluciona incorporando los conocimientos y herramientas necesarias para que por medio de servicios especiales los usuarios accedan a los recursos que se tiene o se producen. El acceso, in situ o en línea, es cuidadosamente guiado por el bibliotecario para que el lector satisfaga sus demandas. Esos recursos están organizados y seleccionados para alcanzar pertinencia en lo que se necesita.

En nuestro país existe gran variedad de carreras de bibliotecología, que se cursan en las universidades y en institutos superiores no universitarios, con enseñanza pública y privada. Lo que se observa es que en los planes de estudio existe disimilitud en las asignaturas, respecto de la denominación de cada una. No consta un acuerdo entre las escuelas en cuanto a ello y aunque traten los mismos contenidos no se hace comprensible para el futuro estudiante y para la comprensión de la profesión que tiene el resto de la sociedad, porque se distorsiona el sentido de la disciplina. Por otro lado, se destaca que el graduado, además de asistir en forma presencial, a la carrera de grado y posgrado, tiene la posibilidad de cursar también en forma virtual para acceder a títulos de posgrado como la licenciatura, el profesorado, el máster o el doctorado.

Mucho se ha hablado y se habla en nuestro país y en el mundo sobre las competencias profesionales que debe tener el bibliotecario para enfrentar los nuevos retos.

En ese sentido aunque el término competencias fue definido por diferentes organismos e instituciones, cito aquí la definición de la American Library Association (ALA) y la distinción que ésta hace entre competencia profesional y general.

Considerando esta definición, he tomado las competencias, no en sentido literal y práctico que se puede ajustar a un tipo de conocimiento determinado, sino que éstas deben contener principalmente tres conceptos que reúnen y atañen en particular a todas las profesiones.

* Conocimientos, que hacen a la formación específica de los profesionales que se desempeñan en la biblioteca, a la actualización en diferentes campos de todo el personal, conocer estándares y marcos legales, capacitarse en investigación, y entre otros, aprender a mediar y negociar en diferentes ámbitos.
* Habilidades, que tienen relación con gestionar y liderar, con la ejecución de las tareas específicas del sector, con la creación e innovación de productos y servicios, con la aplicación de las TICs y con brindar y enseñar en el uso de la información.
* Actitudes, para adaptarse a los cambios, para aplicar el pensamiento ético y reflexivo, para ejecutar trabajo en equipo, interdisciplinario y cooperativo, para comprender e intervenir en problemas internos y externos, y para lograr empatía y cumplir un rol en la sociedad. 

La conjunción de estos conceptos da significado a las tareas que habitualmente el bibliotecario realiza en la biblioteca y que debemos tener en cuenta a la hora de hablar de competencias.

Los conocimientos sobre un aspecto, tema o un área determinada de la profesión deben estar afianzados en las necesidades de la sociedad. Por eso hoy fundamentalmente se hace hincapié en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030. Y los bibliotecarios, aunque siempre han realizado y realizan tareas hacia la comunidad, desde sus bibliotecas tienen un rol especial para la aplicación de cada uno de los 17 ODS.

Un aspecto de la profesión sobre el que he recalado en muchos de mis escritos es sobre la falta de una ley que regule la profesión, ya que eso nos permitiría enfrentar y defender los puestos de trabajo y especialmente obtener el reconocimiento como bibliotecario. Otro en el que he puesto mucho énfasis es en la inexistencia a nivel nacional, regional y provincial de un sistema o plan de bibliotecas y servicios bibliotecarios de información donde las bibliotecas, los servicios y los centros de documentación, entre otros, estén definidos en su rol específico a nivel país y dentro del organismo, institución o empresa donde debe actuar. Por último y no menos importante es como las bibliotecas pueden ejercer su servicio de acceso libre y democrático a la información. En todas las instancias planteadas es necesario contar con un código de ética profesional o un marco donde esté definido el comportamiento sobre la actuación del biblioteca+rio/ria y la mejor forma de comportamiento moral para y con la sociedad.

Dicho esto, el valor de ser bibliotecaria reside en la tarea que de una manera u otra realizamos todos los días, sea en la actividad de los puestos de trabajo, en el rol y tareas que cumplimos en asociaciones y redes, o en el trabajo silencioso e individual que practicamos en forma particular. Es entonces cuando ejercemos nuestros conocimientos, nuestras habilidades, nuestras actitudes y somos útiles a la comunidad.

Por eso digo Soy Bibliotecaria.


Monfasani, R. (2014). Competencias bibliotecarias y entorno laboral. Buenos Aires: Alfagrama. 248 p.